Un día no demasiado especial hizo esa importante decisión. La decisión de ser pirata e indio a la vez, de ser serio y cómico en el mismo instante, infantil con ese toque de madurez, adulto y niño al unísono..
Recordaría todas esas veces en que, pocos años atrás, se había ofendido al ser llamado “niño”, “pequeño”, “enano”.. Recuerdos que ahora parecían tan absurdos y banales como importantes y serios fueron entonces.
Pero llegó un día en que todo encajó. Porque sí, eso jamás lo podría negar, siempre era el más joven, el más pequeño, el más niño.
Un bebé entre adultos que siempre quiso crecer precozmente...
Solía no hablar, eran esos pensamientos automáticos que le convencían de que, al abrir la boca, haría el ridículo. Jamás regalaba un abrazo, un beso, una caricia. Solamente los más observadores verían a través de su mirada un cariño frustrado que escapaba incontables noches en forma de lágrimas..
Caminaba largas noches por calles oscuras, intentando escuchar el eco de sus propios pasos tímidos. Solía sentarse en un banco del parque y observar a esos niños que no necesitaban creerse mayores, que no soñaban con ser adultos.
Porque, el hecho de tener una cierta edad, para él, parecía solucionarlo todo. No dar explicaciones, no depender de nadie, ser libre para tomar sus propias decisiones, ser libre para ser quien quería ser, ser quien es. Ser libre para no tener aferrado a su rostro una máscara de persona sin esencia, una máscara incolora que no mostraba carácter ni pasión, una máscara sin vida..
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Toda acción humana viene impulsada por una necesidad. Necesidad, deseo.
Siento admitir que el ser humano es así de egoísta: no hará nada gratis.
Pido disculpas por ser sincero: no siento la necesidad de seguir escribiendo aquí. No siento necesidad, pero cierto es que tampoco dispongo del tiempo necesario para dedicarle.
Quizás os he utilizado para calmar mi sed de ser leído. Quizás. Seguramente. Pero os habéis dejado.
Os hechicé con palabras, cuentos, sentimientos que realmente no conocéis. Combiné los colores de mi arcoiris para colocarlos de cortina de fondo.
Dejé la puerta abierta a unos pensamientos, para vosotros, queridos extraños, desconocidos cercanos.
Pensamientos que para la mayoría de personas que me miran a los ojos, día tras día, tengo prohibidos entrever.
Cuentos infantiles, de niño que se niega a perder la imaginación. Reflexiones de adulto que ha sido considerado inmaduro demasiadas veces.
He intentado mostrar la persona que quiero ser, que creo que empiezo a ser. Pero lo que pude decir en cada momento, tuvo sólamente sentido entonces.
La historia de ayer fue la de ayer, que me arrepentiré de haber escrito mañana, y de la cual negaré haber sido yo el autor dentro de dos años.
Ojalá pudiera contar algo, cualquier cosa, que tuviera sentido, que fuera cierto, cada día, eternamente. Pero eso no existe. (Esta es, seguramente, la única verdad eterna.)
Tengo el don, la desgracia, de ser transparente. Aún así, no sé si he conseguido haceros ver quién soy.
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Antes de nada querría pedirles que - piensen lo que piensen mientras vayan leyendo este cúmulo de palabras, posiblemente sin sentido alguno para muchos - querría pedir, por favor, que lean hasta la última letra de esta declaración de amor. Y nunca mejor dicho.
Con antelación, ya pido disculpas a aquellos que no vayan a entender nada, a los que a causa de este escrito me consideren inmaduro. No serán los primeros, no se preocupen.
Sin embargo, no tengo intención alguna de pedir perdón a los que no piensen de la misma manera que yo. Lo encuentro totalmente absurdo.
Al mismo tiempo, gracias a los que se encuentren hechizados por mis palabras una vez más. A los que sientan asomar a sus labios el cosquilleo de una sonrisa. A los admirados, asombrados, orgullosos.
Las personas que compartan mi opinión en este aspecto, en cambio, que no esperen agradecimientos. No tengo porqué regalarlos.
Siempre he sido diferente. Por suerte, o por desgracia, lo fui desde el momento de nacer. Que no raro, para mí esa palabra ha quedado desterrada de mi diccionario. No existe lo raro, simplemente la diferencia.
Una pequeña gran diferencia que ha afectado todos los ámbitos imaginables de mi vida. Son millones de detalles que pasan completamente desapercibidos en el día a día de la gran mayoría de humanos de este planeta. Para mí, cada uno de esos detalles, es una piedra en el camino.
Y me he ido arrastrando, segundo a segundo, por esta vida. Hasta hoy.
Es esa fobia a la "rareza" que me ha llevado a aceptar ideas preconcebidas. Seguir a la mayoría de hormiguitas sin pensarlo dos veces, con esperanzas de pasar desapercibido. También me encuentro con una cantidad alarmante de ideales sin pulir en mi cabeza, por falta de tiempo material. Pocos son cristalinos.
Me declaro ateo, sin haber sido capaz de leer más allá de la cuarta página de la Biblia. Y ya, acerca del Corán, por ejemplo, ni la primera página. Sin comentarios...
Jamás dejé abierta la puerta a la bisexualidad, por miedo a rizar el rizo, aún sintiendo de vez en cuando una extraña sensación hacia hombres puntuales que cruzaron mi camino. No sé muy bien qué es, pero será cuestión de probar.
Convencido de ser una de las personas más tolerantes de este mundo, me encuentro, de vez en cuando, con intransigencia y muy poca empatía hacia ciertas personas, en mi interior. Vergonzoso.
Creo firmemente en el Amor. Muchísimo más de lo que se pueda saborear en cada uno de mis relatos. Pero siempre fue el amor fácil, el ortodoxo. Dos personas que se aman, se acuestan juntos y veneran una fidelidad basada en la cama.
Ahora empiezo a entenderlo de otra forma.
El Amor: esa palabra que no llega a expresar ni una milésima parte de lo que significa, en mi opinión.
Ya no creo en una persona que está contigo el resto de tus días. Creo en un amor libre y respetuoso, basado siempre en la confianza. Amistad.
El Amor es amistad en estado puro, mezclada con deseo, y la ternura más profunda que pueda existir.
Constante aprendizaje, el uno del otro. Complicidad.
Una vía de escape de la rutina. La capacidad de sorprender cada día, aunque hayan pasado décadas del primer beso.
El bienestar de la otra persona por encima de los sueños y deseos propios.
Creo que muy pocas personas consiguen ese amor verdadero, ese que, después de años y años, aún siente el deseo del comienzo. Esa sonrisa que se sabe de memoria, y no cansa el provocarla.
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Esta noche estoy cerca, no te preocupes.
Contigo, mientras te cojo la manita. No tengas miedo.
Duerme tranquila, que yo espantaré a tus pesadillas.
Sonríe, que en esta noche tan oscura surgirá una luz para guiarte en sueños... Soy yo.
Esta noche te llevaré a mi País de Nunca Jamás. Vuela conmigo a mi mundo fantástico, donde está todo lo que podrías encontrar únicamente en un Mundo de Hadas. Siente mi abrazo, siente mi calor. Ese calor que sólo soy capaz de darte a ti.
Duerme. Cierra esos ojitos preciosos. Aprieta bien fuerte mi mano, arrejúntate a mí.
Acomódate en mi pecho. ¿Oyes mi corazón? Te compone una canción, te cuenta un cuento esta madrugada. Escúchalo bien, dice:
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